El instituto está de enhorabuena con la publicación de El limpiador de tablillas, escrito por uno de los profesores de Informática de nuestro centro, Francisco Javier Cortés Campo.  Este libro combina historia, misterio y aventura y tiene como telón de fondo uno de los grandes descubrimientos arqueológicos del siglo XIX.

La obra tiene como punto de partida la figura de George Smith, asiriólogo británico que en 1876 dio a conocer parte de la que posteriormente sería conocida como la Epopeya de Gilgamesh, incluido un relato sobre el diluvio universal.

La historia se traslada después al Londres de 1876, donde una joven de la alta burguesía consigue trabajar en The Daily News redactando obituarios bajo un pseudónimo masculino. Su trabajo la llevará a investigar la desaparición de Smith y una posible conspiración relacionada con el Museo Británico y con un descubrimiento de enormes consecuencias.

Con una cuidada ambientación histórica, El limpiador de tablillas acerca al lector al mundo de la arqueología, los antiguos textos mesopotámicos y los misterios de una época apasionante.

Desde nuestro centro queremos felicitar a nuestro compañero por esta publicación y aprovechar la ocasión para conocer, a través de la entrevista que acompaña a esta noticia, su experiencia como escritor y el proceso de creación de la novela.

Entrevista a Francisco Javier Cortés, autor de «El limpiador de tablillas»

  1. ¿En qué momento descubrió la historia de George Smith y qué fue lo que le hizo pensar que ahí había una novela?

El libro que plantó la semilla de esta novela fue Obras maestras del Museo Británico, que adquirí en mi visita a Londres en el verano de 2024. En sus páginas aparece una imagen de la undécima tablilla de la Epopeya de Gilgamesh acompañada de una breve mención: «George Smith, ayudante del museo que descifró la versión del diluvio bíblico en 1872». Aquello despertó mi curiosidad y me impulsó a investigar sobre el relato mitológico y su singular descubridor. 

George Smith (1840-1876) fue un asiriólogo autodidacta experto en escritura cuneiforme, lo que le llevó a realizar grandes descubrimientos entre las tablillas de arcilla que el Museo Británico había rescatado de Nínive, en la inmensa Biblioteca de Asurbanipal. En 1872, el diario The Daily Telegraph patrocinó su primera expedición a Nínive en busca de más fragmentos relacionados con el Antiguo Testamento. En años sucesivos realizó otras dos expediciones, siendo la tercera aquella de la que nunca regresó. 

  1. George Smith tuvo una vida relativamente breve, pero protagonizó un descubrimiento de enorme repercusión. ¿Qué le fascinó más de él: el arqueólogo, el aventurero o el hombre que acabó pagando un precio personal por sus investigaciones?

Más que la figura individual de George Smith, lo que me fascinó fue el motor y el trasfondo de aquellas expediciones arqueológicas. En realidad, lo que buscaban las instituciones y la sociedad de la época era la confirmación material de los relatos bíblicos del Antiguo Testamento mediante la localización de ciudades mencionadas en dichos textos sagrados. Por ejemplo, fue el propio Smith quien descubrió Carquemis, capital de los hititas de los que hasta entonces solo se tenían referencias bíblicas. 

Hay que comprender que para la sociedad victoriana la Biblia no era solo un texto religioso, sino la principal fuente histórica sobre el Próximo Oriente; imperios enteros como el asirio o el babilonio se conocían casi exclusivamente a través de ella. 

En cuanto a Smith, creo que distaba mucho del aventurero romántico: era un erudito autodidacta y riguroso al que no le importaba trabajar sobre el terreno a pesar de las durísimas condiciones, algo que él mismo deja entrever con cierta ironía en sus cuadernos de viaje.

  1. El hallazgo de la tablilla con el relato del diluvio tuvo un impacto extraordinario en su época. ¿Cómo ha sido trasladar al terreno de la ficción las consecuencias de un descubrimiento arqueológico real?

Al parecer, no sacudió los cimientos intelectuales con la misma intensidad que la teoría de la evolución de Darwin, pero sí generó una enorme controversia, especialmente en los círculos académicos y religiosos. Los sectores más devotos quisieron ver en la existencia de textos anteriores al Génesis la prueba definitiva de la veracidad histórica de los hechos bíblicos. Es un dato fascinante: los manuscritos hebreos más antiguos del Antiguo Testamento datan del siglo VII a. C., mientras que las tablillas cuneiformes con pasajes similares se remontan al milenio III a. C. ¡Que cada lector saque sus propias conclusiones! 

En la novela, este debate le llega a la protagonista a través de una compleja investigación que emprende dialogando con personajes reales, como el profesor Archibald Henry Sayce —quien editó los textos póstumos de Smith— o la propia viuda del asiriólogo, la señora Mary Clifton Richardson. 

  1. Una novela así exige reconstruir con precisión el Londres victoriano, la arqueología mesopotámica, el funcionamiento de un periódico y el mundo académico de la época ¿Cuánto hay de documentación histórica y cuánto de imaginación en la trama?

Todo lo relativo a la figura de George Smith, sus hallazgos, sus publicaciones y la trastienda institucional del Museo Británico es rigurosamente fidedigno. Para reconstruir su obra utilicé volúmenes originales como Assyrian Discoveries (1883) y The Chaldean Account of Genesis (1876). También me apoyé en la mirada de otro gran viajero de la época, el diplomático español Adolfo Rivadeneyra, y su Viaje de Ceylán a Damasco (1871). 

En la novela he incluido numerosos personajes reales —desde directores de periódicos hasta el Bibliotecario Principal del museo— documentados a través de grabados e ilustraciones de archivo. 

La ambientación de Londres en aquella época, las anécdotas, descripción de las calles y sus gentes así como comentarios en prensa surgieron del ensayo histórico de Peter Ackroyd titulado Londres: una biografía (2000) y también de su obra Londres bajo tierra (2012).

Lo puramente imaginario lo he reservado estrictamente para llenar los vacíos y las sombras que rodean la última expedición de George Smith y por supuesto, todo lo que concierne a la vida de la protagonista.

  1. La protagonista intenta escapar de un matrimonio concertado y acaba trabajando como periodista bajo un pseudónimo masculino. ¿Por qué quiso que fuera una mujer quien investigara esta historia?

En los inicios de la gestación de la novela barajé la figura de un detective novato, pero me pareció un recurso demasiado obvio. Descartada esa vía, decidí que el peso de la investigación recayera sobre una joven periodista novata. 

Al situarla en la redacción de The Daily News y documentarme sobre las restrictivas condiciones laborales de la época —donde las mujeres tenían vetada la firma en secciones serias y se veían relegadas al anonimato—, encajó a la perfección. 

Convertir a Mary Ann en la protagonista enriquece enormemente el relato, ya que la obliga a enfrentarse a obstáculos sociales y cotidianos a los que no habría tenido que hacer frente un personaje masculino.

  1. Su protagonista escribe obituarios utilizando un nombre masculino. ¿Qué le interesaba explorar con esa identidad oculta: las limitaciones de las mujeres, la libertad que proporcionaba el anonimato o ambas cosas?

La sociedad victoriana era profundamente hipócrita y de un machismo asfixiante —y reconozco que, en ciertos aspectos estructurales, como sociedad no hemos evolucionado tanto como nos creemos—. Aunque existían minorías de mujeres valientes que lograron abrirse camino, a las cuales rindo homenaje en la novela, la inmensa mayoría sufría las rígidas cadenas del patriarcado. Un claro reflejo de ello era el trato clínico y moral que recibían dolencias inventadas como la «histeria femenina», y que es algo que invito a descubrir leyendo mi novela.

  1. ¿Qué encontró especialmente atractivo en la prensa londinense del siglo XIX como escenario para la trama de la novela?

Me resultó fascinante la ebullición absoluta de Fleet Street en la década de 1870. Por allí operaban docenas de cabeceras históricas —The Daily Telegraph, The Standard, The Daily News o muy cerca, en Queen Victoria Street, el mismísimo The Times—. Era el auténtico epicentro mundial de la información. A esto se sumaba que la prensa de provincias de Inglaterra, Escocia y Gales (como el Manchester Guardian) y agencias internacionales como Reuters mantenían delegaciones permanentes allí para capturar las pulsaciones del Imperio. Ese ritmo frenético de rotativas, tinta y noticias era el telón de fondo perfecto.

  1. ¿Hubo algún descubrimiento durante su investigación que terminara cambiando la trama o incluso algún personaje?

Londres actúa como un personaje más dentro de la novela. Profundizar en cómo funcionaba la metrópoli en 1876 —con una red de más de veinticinco estaciones de metro primitivas, ómnibus de dos pisos tirados por caballos y una incipiente red de telegrafía instantánea— condicionó por completo el desarrollo de la trama. Además, la severa etiqueta moral de la época marcaba cada movimiento: una señorita de buena familia no podía viajar sola en un hansom cab (el taxi victoriano) ni ir acompañada de un hombre ajeno a su círculo sin desatar un escándalo. Por lo tanto, cada desplazamiento de Mary Ann exigía calcular al milímetro las consecuencias y dificultades logísticas a las que se enfrentaba.

  1. Si tuviera que resumir el corazón de la novela en una sola pregunta, ¿cuál sería?

¿Cómo se respiraba, se sufría y se vivía realmente en el Londres victoriano?

  1. Y una última pregunta: si George Smith pudiera leer su novela hoy, ¿qué cree que le sorprendería más?

Creo que lo que más le impactaría —y le dolería— es comprobar que su nombre ha quedado relegado en los anales de la historia oficial. Hoy en día, el propio Museo Británico lo define administrativamente como un mero «ayudante». Figuras contemporáneas suyas, como Sir Henry Rawlinson (considerado el padre de la asiriología) o Sir Austen Henry Layard (descubridor de Nínive), conservan un prestigio colosal, mientras que a Smith, a lo sumo, se le asocia con la Epopeya de Gilgamesh. Y ni siquiera eso es exacto del todo: él abordó aquellas tablillas buscando obsesivamente los paralelismos con las historias del Génesis bíblico (la creación, la torre de Babel y el diluvio).  

Después de conocer más sobre el autor y sobre el libro, le volvemos a dar la enhorabuena y os dejamos a continuación el link donde lo podéis adquirir: